viernes, 13 de febrero de 2009

Pausa

Comencemos hablando de los juegos de video. Parten del más simple de los principios: apretar el botón correcto en el momento correcto. Si lo haces bien te dan un estimulo positivo, de lo contrario el estimulo es negativo. Más básico no podría ser, hasta los ratones de laboratorio tienen cosas así.

O al menos eso es lo que solían pensar muchos y hoy en día aún creen unos pocos. Pero eso es como pensar que la pintura son dibujos bonitos o que las olimpiadas son un poco de bobos viendo quién corre más rápido. Porque desde sus inicios los juegos de video le apuntaron a ser mucho más que un entretenimiento tonto. El primero de los juegos: Pong, ya era una competencia, una forma nunca antes vista de comparar reflejos y habilidad. Y poco tiempo después, Space War, una máquina experimental donde mostrar un simple triángulo era ya una odisea, tenía como objetivo mostrar un cielo estrellado que diera la impresión de estar en el espacio.

Y hoy en día es simplemente incomprensible que aún exista gente que crea que los juegos de video son simples, inútiles o tontos. La interactividad se toma el mundo y los juegos de video encabezan ese cambio. Hay muchas formas de jugar y cada una demuestra un elemento valioso de esta cultura:

Se puede jugar para competir. Ya sea en contra de otros, o tratando de vencer a la máquina. Se juega para ser mejor. Se juega para conseguir habilidad. Estamos en el punto en donde juegos de estrategia como Starcraft se pueden dar el lujo de organizar torneos mundiales y en países como Corea es casi un deporte nacional, con comentaristas especializados y todo. Desde el campeón mundial de Halo, hasta el jugador ocasional que sabe cómo hacer una chilena en FIFA, los juegos de video dan la posibilidad de entrenar, mejorar y tener habilidad para superar a los demás. Es el principio detrás de las tablas de High Scores y también es el principio detrás de cualquier deporte.

Pero los juegos de video son también una nueva forma de narrativa. Y siempre lo han sido, desde las leyendas cíclicas de los héroes de Zelda hasta sagas tan complejas como las de Soul Reaver. Los video juegos son un medio que da la oportunidades únicas para contar historias que tocan tan profundamente a la gente que inspiran sagas de libros y películas. Todo aquel que haya pasado algún tiempo en las aterradoras e introspectivas calles de Silent Hill, o quienes sepan de las desgracias traídas por el principe Arthas al universo de Warcraft puede dar constancia del valor narrativo de los videojuegos.

Y claro, siempre ha existido el debate sobre los juegos de video como forma de arte. Y no es solo la capacidad gráfica que se ha logrado hoy en día, ni el realismo de las imágenes. Es la creatividad visual de juegos como Okami o el más reciente Prince of Persia. Son los paisajes que nos quitan el aliento en La Sombra del Coloso. Es la visión psicodélica de No More Heroes. Y eso solo por hablar de las imágenes. Lo mismo podría decirse de la musicalización o de las actuaciones de voz.

Estamos en un momento crucial de la evolución del video juego. Nuestros abuelos tienen un Nintendo DS para estimular el cerebro con Brain Age. Los niños hacen ejercicio con su WiiFit, Wiimote y juegos tan divertidos como Rayman Raving Rabbids. El PS3 demuestra capacidades de procesamiento mayores a las de casi todos los computadores actuales que aprovecha en títulos como Killzone2 . Miles de personas en todos los rincones del mundo se unen en guilds para cumplir sus metas en World of Warcraft. Y yo dejo de escribir ahora, porque tengo que ir a ver si puedo terminar Prince of Persia en mi 360. Saber cómo acaba esta historia será mi estímulo positivo.

1 comentario:

lordelfwine dijo...

Eso de el Play 3 es mejor que muchos pcs? Vaya si lo mejor de los video juegos solo se ve realmente en un compu. Es hay donde esta lo mas punta de los videojuegos en un computador con una buena tarjeta de video. Se lleva 10 a 1 a cualquier consola actual.